Baal y Astarté, los dioses de occidente

Esta es una meditación de la palabra correspondiente a la II feria de la semana XX del Tiempo Ordinario – Ciclo B

Del libro de los Jueces 2,11-19
Sal (106) 105,34-35.36-37.39-40.43-44
Del santo evangelio según San Mateo 19,16-22

La pintura que nos muestra la lectura del libro de los jueces podemos extrapolarla a la realidad que está viviendo nuestra sociedad occidental… Podría encasillar al mundo entero dentro de esta extrapolación, pero prefiero hablar sobre nuestra realidad concreta.

Es evidente que la mayor parte de las personas parecen ser religiosas, al menos eso afirman varios teólogos. Hay un «despertar de la religión». Después de que el siglo XX en su primera mitad se caracterizará por un gran ateísmo militante a raíz de las revoluciones marxistas, materialistas e inmanentes, podemos decir que en efecto, la mayor parte de nuestros contemporáneos creen en algo.

Ahora bien, ¿en dónde tienen los ojos puestos? El pueblo de Israel era un pueblo religioso; sin embargo, sus ojos estaban fijos en Baal y Astarté, dioses paganos. Endurecieron sus corazones como nuestros antepasados en Meribá, y dejaron de escuchar la voz de Dios para entregarse a realidades inmanentes y falsas con apareciencia de verdad. Las consecuencias de su apostasía fueron desastrosas. El pueblo de Israel sufría la calamidad de la guerra y no podían ganar ninguna batalla porque la mano del Señor estaba sobre ellos castigándolos. Visto desde un punto de vista hermenéutico, podemos observar que nuestras desviaciones nos llevan a la desgracia. En la historia del hombre nunca han faltado los duros tropiezos que vienen después de olvidarnos de Dios para enfocarnos en lo terreno ¿No están nuestras sociedades fijándose en Baal y Astarté? Ciertamente se tratan de sociedades «religiosas», ¿pero cuál es esta religión? La del dinero, el hedonismo, el materialismo, el utranacionalismo, el disfrute inmediato y meramente mundano; la cultura del «yo hago lo que me da la gana».

Podríamos decir que los jueces de la edad contemporánea son los innumerables testimonios de cristianos con olor a pastor, que con sus vidas han interpelado a nuestras sociedades secularizadas y las han exhortado a vivir el evangelio porque todavía es posible en nuestros tiempos, pongo como ejemplos a San Josemaria Escriba de Balaguer, San Juan Pablo II, Santa Teresa de Calcuta, San Maximiliano Kolbe, el beato Pier Giorgio Frassati y el beato Carlo Acutis. Santos y beatos de nuestras épocas cuyas realidades sociales no distan mucho de las nuestras, en el sentido de que pudieron vivir en sociedades que poco a poco se iban alejando de Dios y de su Iglesia.

Nuestros pueblos no han respondido apropiadamente a estos jueces modernos, al menos no por el momento. Al contrario, cada vez más se van entregando a la cultura neopagana donde Dios es un ser relativo que no juega un papel importante a la hora de aplicar conceptos morales. Por eso hoy tenemos sociedades que legalizan el aborto, la unión homosexual y la eutanasia.

El joven rico viene siendo una singularización de la realidad multiforme expuesta en la primera lectura. Es un joven satisfecho materialmente, pues es rico, pero insatisfecho interiormente, por eso anda preguntándole a Jesús por lo bueno que debe hacer para alcanzar la vida eterna. Siempre me ha parecido curiosa la respuesta de Jesús:

«¿Por qué me preguntas a mí acerca de lo bueno? Uno solo es el bueno: Dios»

Al parecer el joven andaba buscando las cosas buenas en el mundo, es decir, en el mundo en sí mismo, o quizás en las obras de la ley, una actitud propia del judaísmo farisiaco. Por eso Jesús le responde diciéndole que Dios es el bueno, como diciéndole que las cosas buenas para alcanzar la vida eterna se encuentran solo en Dios. En este caso, no se trata de mirar al cielo olvidándonos de la tierra, porque lo cierto es que podemos ver el cielo en este mundo. Tan sólo tenemos que abrir los ojos de la fe para encontrar a Dios, fuente de toda bondad, aquí abajo en la tierra. Pero volviendo a la cuestión principal, podemos decir que el hombre religioso actual anda como oveja sin pastor, anda buscando algo que tranquilice su corazón, pero no lo está buscando en el Dios que habla a través de la Iglesia.

Cuando el joven rico fue invitado a dejar a sus ídolos (sus riquezas) para seguir a Jesús, se marchó triste porque no quería deshacerse de sus Baal y Astarté.

Esta es la realidad de nuestras sociedades actuales, caminan bajo el falso amparo de dioses paganos dándole la espalda a Cristo y su Iglesia y quien sabe hacia dónde vayamos a parar.

¿Y nosotros qué? ¿Tendremos algún diosito pagano en el corazón y no nos estamos dando cuenta? Estas lecturas son una oportunidad para hacer un profundo examen de conciencia y descubrir aquellos apegos desordenados que nos obstaculizan una unión plena con Dios, no sea que estemos abrazando a Baal y Astarté y nos ocurra como a los Israelitas, que ni con los jueces se terminaron de convertir y hacer penitencia por sus culpas.

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