El problema de la comunión en la mano

NOTA ACLARATORIA: se que al leer el título podría trastornarse tu interior. Ya empiezan a florecer esos sentimientos negativos y de disputa. Como dominico he aprendido que de los herejes, cismáticos, tradicionalistas o modernistas, católico practicante o no practicante, etcétera, algo se puede aprender que ayude a fortalecer nuestra fe. Las intenciones de este artículo son complementar el primero relacionado con el tema (¿La comunión en la mano es un pecado?) y también proporcionar algunos conocimientos interesantes sobre la comunión en la mano para aquellos hermanos y hermanas que ignoran un poco o un tanto sobre esto. Te exhortó a su lectura con calma y buena disposición. Empezamos.

En el último artículo, habiamos concluido en que la comunión en la mano no es un pecado. Pero también había terminado diciendo que está práctica no está exenta de abusos, y en esta oportunidad, veremos la gravedad de los abusos que muchas veces se cometen por medio de esta práctica que con mucha razón es criticada por prelados considerados “tradicionalistas”, y que en la mayor parte de los casos no lo son, al menos no en el sentido peyorativo en el que se les suele catalogar.

Primero que todo, ¿de dónde viene esta práctica en estos tiempos contemporáneos?

Se ha dicho que al parecer viene de algunos países de Europa del este de mayoría protestante. Que sean de mayoría protestante no tiene porque tener necesariamente relación con la aparición de esta práctica. Lo que sí es evidente es que empezó a surgir como un abuso tolerado, como un invento no propuesto por el magisterio de aquel entonces, sino mas bien por un clero – feligresía focalizado de algunas partes. Así lo admitió la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos de aquel entonces en su instrucción Memoriale Domini:

“[…] la participación más plena de la celebración eucarística, significada por la comunión sacramental, ha suscitado en algunas partes, durante los últimos años, el deseo de volver al uso de depositar el Pan Eucarístico en la mano de los fieles, para que ellos mismos, comulgando, lo introduzcan en su boca.

Más aún, en algunas comunidades y lugares se ha practicado este rito, sin haber pedido antes la aprobación de la Sede Apostólica, y a veces de manera que les ha faltado a los fieles la oportuna preparación.

Se que en esta parte ya algunos de ustedes estará pensando que la comunión en la mano era una práctica existente en los primeros siglos. Es cierto, yo mismo he descrito la veracidad de esta realidad en mi último artículo (Cf. ¿La comunión en la mano es un pecado?) . Incluso la misma instrucción habla de ello diciendo:

“Es verdad que según el uso antiguo en otros tiempos se permitió a los fieles tomar en la mano este divino alimento y llevarlo a la boca por si mismos, y también, en tiempo antiquísimo, llevar consigo el Santísimo desde el lugar en que se celebraba el sacrificio, principalmente con el fin de aprovecharse de él como viático en el caso de tener que luchar por la confesión de la fe.”

Sin embargo, esta practica fue desapareciendo a medida que la Iglesia fue tomando más consciencia de la sacralidad del Santísimo Sacramento, y de los cuidados que debía tener con tan maravilloso misterio. Por eso durante siglos y siglos la comunión en la boca ocupo el lugar exclusivo de ser la práctica adecuada para recibir al Señor. La comunión en la mano presentaba los mismos problemas que observamos hoy en día y que más adelante comentaré.

Entonces ante esta nueva situación de mala praxis, el mismo documento habla sobre una pequeña consulta realizada a los obispos con el fin de llegar a un consenso que le de salida a la cuestión:

Por consiguiente, fueron propuestas a los obispos tres cuestiones, a las que, hasta el día 12 del mes de marzo último (en el año 1969), respondieron del modo siguiente:

1. ¿Se ha de acoger el deseo de que, además del modo tradicional, se permita también el rito de recibir la Sagrada Comunión en la mano?

Placet (da el placer): 567. Non placet (no da el placer) : 1.233. Placet iuxta modum (da el placer de acuerdo al modo) : 315. Votos inválidos: 20.

2. ¿Place que se hagan antes experimentos de este nuevo rito en pequeñas comunidades, con el consentimiento del ordinario del lugar?

Placet: 751. Non placet: 1.215. Votos inválidos: 70.

3. ¿Piensa que los fieles, después de una preparación catequética bien ordenada, han de recibir de buen grado este nuevo rito?

Placet: 835. Non placet: 1.185. Votos inválidos: 128.”

Como podemos ver el magisterio de aquel entonces no aprobó que se le diera lugar a la práctica de la comunión en la mano, pero dentro de esta desaprobación hizo una excepción:

“Pero si el uso contrario, es decir, el de poner la Santa Comunión en las manos, hubiere arraigado ya en algún lugar, la misma Sede Apostólica, con el fin de ayudar a las Conferencias Episcopales a cumplir el oficio pastoral, que con frecuencia se hace más difícil en las condiciones actuales, confía a las mismas Conferencias el encargo y el deber de examinar las circunstancias peculiares, si existen, pero con la condición de prevenir todo peligro de que penetren en los espíritus la falta de reverencia o falsas opiniones sobre la Santísima Eucaristía, como también de suprimir con todo cuidado otros inconvenientes.

Esta excepción no tiene porque considerarse como algo negativo, pues sólo podía ser válida con la condición de que se procurase el debido cuidado al Sacramento y la conservación reverencial justamente debida.

Sin embargo, con el tiempo la comunión en la mano fue ganando espacio en la Iglesia a medida que las Conferencias Episcopales iban confiriendo aprobaciones. Ahora en toda la Iglesia, o en casi toda, es posible comulgar en la mano sin ningún tipo de problema. Si observamos las diferencias que hubieron entre los placet y no placet, veremos que era insignificante, y ya en otras ocasiones habíamos hablado sobre la crisis de fe en la Iglesia y su empeoramiento progresivo ( y temporal).

Ahora bien, ¿cuál es la forma correcta de comulgar en la mano? En diversos documentos podemos encontrar la respuesta, cito primero:

«Los fieles comulgan de rodillas o de pie, según lo establezca la Conferencia de Obispos», con la confirmación de la Sede Apostólica. «Cuando comulgan de pie, se recomienda hacer, antes de recibir el Sacramento, la debida reverencia, que deben establecer las mismas normas». (Redemptoris Sacramentum 90.)

En otros documentos se cita el mismo párrafo al hablar sobre la reverencia debida hacia las Sagradas Especies, y en sí mismo no aporta la reverencia que específicamente deberíamos realizar; sin embargo, para conservar el respeto y santidad hacia el Sacramento, es recomendable hacer una reverencia. Los que se han estudiado la Instrucción General del Misal Romano podrán ver que los signos de reverencia que se realizan en la Santa Misa son la inclinación de cabeza y la inclinación profunda o de cuerpo. Las Conferencias Episcopales determinan el modo específico de reverenciar el Sacramento. Parece ser que lo dispuesto comúnmente es hacer una inclinación de la cabeza según lo expuesto por el siguiente artículo:

“Las Conferencias Episcopales suelen pedir que esa reverencia tome la forma de una inclinación de cabeza. Por ejemplo, la argentina:

“En la Argentina se establece, como forma habitual, que los fieles reciban la Comunión de pie y realicen antes, como gesto de reverencia, una inclinación de cabeza” (Norma Nº 35: CEA 84, noviembre de 2002).

O la española:

“los fieles comulgarán habitualmente de pie, haciendo antes una inclinación de cabeza, pudiendo recibir la comunión en la boca o en la mano” (Carta de Mons. Julián López Martín, obispo de León, a los presbíteros y diáconos, octubre de 2005).” (https://www.infocatolica.com/blog/espadadedoblefilo.php/1501301101-inclinacion-antes-de-comulgar)

Por otro lado, algo muy importante es el cuidado que se debe de tener de que no se pierda ningún fragmento de la Eucaristía, cito a la Congregación para la Doctrina de la Fe:

Se recomendará vigilar para que posibles fragmentos del pan consagrado no se pierdan (cf. S. Cong. para la Doctrina de la Fe, 2 de mayo de 1972: Prot. n. 89/71, en Notitiae 1972, p. 227).”

En efecto, creemos que en cada hostia consagrada se encuentra el cuerpo, sangre, alma y divinidad de nuestro Señor Jesucristo en su totalidad. Cada hostia, a pesar de su singularidad, viene de la misma masa de trigo, y cada una de ellas no se consideran a sí mismas como partes del Cuerpo del Señor, sino que cada una de ellas es el Cuerpo de Cristo en su totalidad, y esa es la razón por la cual todos pertenecemos al mismo Cuerpo en virtud de la unidad realizada por el Espíritu Santo y el misterio del Sacramento Eucarístico. El mismo razonamiento es válido para cada migajita que se cae al suelo. No es una simple migajita, sino el Cuerpo de Cristo por completo el que cae al suelo. Esto está atestiguado en muchos escritos eclesiásticos que no citaré para no alargar tanto el tema.

En conclusión, los que comulgan de pie y en la mano deberían realizar una reverencia antes de comulgar, y después de hacerlo, procurar que no le quede en las manos algún fragmento del pan Eucarístico que se pueda caer. La reverencia es un acto de respeto y veneración a nuestro rey celestial, verdaderamente presente en las Sagradas Especies, y el cuidado debido para que no se pierda un fragmento es un acto de amor para no cometer el sacrilegio de lesionar al Cuerpo del Señor cuando cae en el suelo.

Lastimosamente lo que yo he constatado en mi corta vida, y en mi pequeño círculo existencial, ¡es que casi nadie tiene estos cuidados! No se hacen reverencias al Señor, ni tampoco se toman los cuidados necesarios para que no se pierda algún fragmento ¡Es horrible!

La ignorancia es la oscuridad que generalmente cubre el corazón de los católicos a la hora de comulgar el Cuerpo del Señor. Y los clérigos, lamentablemente, no suelen llamar la atención sobre este tópico de tanta seriedad. Yo mismo he constatado en mis manos los fragmentos del Cuerpo del Señor, ¡y me imagino a cuantas personas se les caerán en el piso! ¿Cuántas veces hemos pisado al Señor sin darnos cuenta? ¡Cuantos sacrilegio inadvertidos ocurren a diario, esto es seguro!

Ya hemos podido ver que las condiciones para aprobar esta praxis, conforme a lo estipulado por Memoriale Domini, no se cumplen. La mayor parte de los católicos comulgan de esta manera sin saber como hacerlo, ¡y no hay quien les corrija!

Por eso la forma tradicional y recomendable de comulgar es en la boca, porque de esta manera se procura la conservación de la reverencia y el cuidado que merece tan grande misterio. Además, se evitan los cuidados que obligatoriamente debemos de tener cuando comulgamos en la mano.

Actualmente me encuentro en Cuba, un país invadido por la santería africana. Tantas brujerías elevan la alerta que debemos de tener para que no se tome el Cuerpo del Señor de forma profana. En algunos casos he podido ver que algunas personas no consumen la hostia delante del sacerdote y se van a sus puestos con ella en la mano, pero gracias a Dios siempre ha aparecido un alma contigua que con mirada seria al estilo de poner una pistola en la sién le pide que consuma la hostia, y ahí termina la ansiedad. Esto se podría evitar sin la comunión en la mano.

Pero para que nadie me malinterprete, no estoy diciendo que la comunión en la mano sea mala en sí misma, sino que se presta para los abusos que he venido exponiendo y que seguro usted ha podido constatar en su diócesis.

Como laico, hermano de ustedes en la caridad de nuestro Señor Jesucristo, les exhortó que comulguen en la boca, así evitarán los cuidados que deben de tener con esta forma de comulgar y darán un buen ejemplo hacia aquellos hermanos que por su ignorancia, repiten lo que los demás hacen. Pero en vista de que comulgar en la mano es permitido por la Santa Madre Iglesia, y si su consciencia le dijera que esta es la mejor manera para usted, hágalo con los cuidados que la Iglesia le pide, y no tenga escrúpulos al hacerlo, recuerde que no es un pecado. Pero no lo haga irrespetando a Cristo, pues esto solo será lesivo para su alma y su desarrollo espiritual será dudoso si luego de saber las debidas disposiciones para comulgar de esta manera, se obstina en seguir tomando el Cuerpo del Señor como si fuera un simple pan que sólo simboliza la presencia de Jesús en la Eucaristía ¡Dios lo libre de esta calamidad!

Por otro lado, espero que los sacerdotes que puedan leer este escrito sean conscientes de que son pastores de la grey del Señor, y esto implica una afable corrección y educación continua para que los fieles que comulgan mal en la mano lo hagan conforme a lo saludablemente estipulado.

Pax Domini sit tecum

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: