Ojalá y todos fuéramos buenos cristianos

Meditación de la palabra dominical – Domingo XXVI del Tiempo Ordinario – Ciclo B

En las lecturas de hoy mi meditación se ha enfocado en Josué y los profetas; en Juan y los demás discípulos. Las actitudes que éstos expresaron al Señor ante la aparición de unos nuevos profetas, podemos verla con mucha frecuencia en nuestras parroquias.

Se trata de aquellas personas que dicen tener 10 y 20 años en la Iglesia y se indignan cuando alguien nuevo, o relatívamente nuevo en la comunidad, manifiesta un fervor espiritual de la noche a la mañana. Son aquellos “novicios” cristianos que empiezan a tomarse en serio su compromiso bautismal y dejan claro que tienen intenciones sinceras de progresar en la fe. Pero muchas veces estos se ven desalentados por los “beatos” y “beatas” de la parroquia, que alegando su supuesta experiencia eclesial, le ponen obstáculos a la debida participación que debe tener la nueva persona en la comunidad. La misma desagradable experiencia la tienen los sacerdotes que llegan nuevos a una comunidad. Cuando éstos quieren corregir las arraigadas malas costumbres que existen en la parroquia, los beatos y beatas se lanzan en contra del pobre sacerdote y le impiden reformar la comunidad.

Los viejos cristianos de corazón sincero no adoptarian estas actitudes, al contrario, desearían que todo el pueblo de Dios sea profeta, o como Jesús, que arda la tierra en el fuego del Espíritu Santo para que destruya todas nuestras maledicencias.

Los profetas no son sólo personas que predicen el futuro, o que exhortan a los demás a sujetarse a las directrices divinas, sino que ellos mismos encarnan la voluntad de Dios y lo manifiestan con sus vidas, pues la verdadera profecía se ve avalada por una vida abnegada a lo mundano y entregada a las cosas se Dios.

Ojalá y todos seamos profetas, porque sólo así podremos transformar todo lo que nos rodea, y atraer a todos a Cristo, plenitud de la vida humana. A los beatos y beatas que escandalizan a los pequeños, más les valdría amarrarse una piedra en el cuello y lanzarse al mar, dice Jesús.

Ay de nosotros si tenemos un comportamiento contrario a lo que predicamos, pues también nos sería mejor lanzarnos al mar con una piedra al cuello ¿Cuántas personas no se alejan hoy en día de la Iglesia por nuestras incoherencias? Ser cristiano es difícil, pero es peor cuando no asumimos esta realidad. Por eso Jesús nos recuerda de una forma radical que debemos desprendernos de nosotros mismos para dejar que él se forme en nosotros y nos haga verdaderos profetas. Cortémonos los miembros si nos impiden avanzar… Es una forma de decir que debemos salir de nuestras comodidades y seguridades para emprender el camino de la cruz ¿Quién tiene la valentía para asumir su compromiso bautismal? Los que reconocen que han recibido el mismo espíritu que Moisés y Jesús y se ponen a profetizar sin miedo a nada. Pues a esto se nos llama en este Domingo, y con este propósito comulgaremos el Cuerpo y la Sangre del Señor para adquirir las fuerzas para emprender tan loable tarea.

Pax Domini sit tecum

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