Sobre los Terciarios Dominicos

A la izquierda Santa Catalina de Siena. De izquierda a derecha en la porción superior, Santa Rosa de Lima y el beato Giorgio La Pira. En la porción inferior, los beatos Pier Giorgio Frassati y Bartolome Longo

Los terciarios dominicos (seglares dominicos) somos los miembros de la Fraternidad Laical de Santo Domingo, la rama seglar de la Orden de Predicadores. Antíguamente eramos llamados: “Orden Tercera de Predicadores”. Esto hasta el Concilio Vaticano II.

Actuálmente, la denominación “Terciarios dominicos”, sigue utilizándose en diversos círculos eclesiales, y en mí experiencia, ha sido la denominación con la que mas se nos ha identificado. Somos seglares que viven la espiritualidad de Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de los Dominicos; el cual, fundo este instituto religioso para predicar el evangelio y combatir las herejías.

Cuando se empezaron a erigir los conventos dominicanos en el siglo XIII, un gran número de seglares sedientos de una vida penitente y evangélica se reunieron en torno a estos para alimentarse de su nueva espiritualidad. En el año 1285, fray Munio de Zamora, séptimo maestro general de la Orden de Predicadores, redactó una regla de vida para estos seglares en la que se expresaba las diversas prácticas internas y externas que conforman la espiritualidad dominicana; y de esa manera, los seglares entramos a formar parte de la jurisdicción de la Orden.

Es necesario aclarar el hecho de que somos plenamente laicos y plenamente dominicos. No somos una rama de segunda categoría. Los frailes, las monjas contemplativas, los seglares y hermanas religiosas apostólicas de la Orden, son ramas que nacen del mismo árbol espiritual. Los seglares dominicos vivimos el mismo estilo de vida de los frailes o las monjas pero en nuestro estado de laicos, es decir, en nuestras casas, familias, ámbito laboral y social, en el mundo…

La espiritualidad de los dominicos es como un edificio que se asienta en cuatro columnas, que son: fraternidad, oración, estudio y predicación.

La fraternidad: los seglares dominicos somos una familia religiosa que comparte su vocación hacia la santidad al estilo de Santo Domingo de Guzmán. Nos reunimos con frecuencia para escudriñar las Sagradas Escrituras, estudiar, hacer oración y profundizar nuestros vinculos familiares. Procuramos asistirnos en nuestras necesidades y apoyarnos como cristianos para vivir con fervor nuestro carisma y contribuir con la misión de la Orden. Es de esta manera como vivimos el elemento fraterno de nuestra espiritualidad.

La oración: es el espacio en que profundizamos nuestra relación con Dios. Junto a la Iglesia y en comunión con las demás ramas de la Orden, celebramos la Liturgia de las Horas, el Santo Sacrificio de la Misa, la recitación diaria del Santo Rosario, la oración privada, la lectio divina, la meditación y el estudio de los signos de los tiempos. La oración es el arma contemplativa por excelencia que nos permite robustecer el corazón con las cuestiones excelsas para poder compartirlas con alegría.

Si las dos primeras columnas son comunes en otras familias religiosas, el estudio es un elemento distintivo de los dominicos.

El estudio: nuestro padre Domingo de Guzmán sabia que el estudio alimentaba el intelecto y favorecía la predicación del evangelio sin manchas heréticas que distorsionen su hermosura y eficacia. La ignorancia era, y sigue siendo, la semilla de todas las herejías. El estudio es nuestra forma de contemplación adquirida, que a diferencia de la contemplación pasiva o infusiva, la cual, consiste en que el alma se deje atrapar y llevar por Dios, esta requiere de nuestra actividad. Los dominicos tenemos la obligación de estudiar asíduamente la verdad revelada. Esto nos permite fundamentar adecuádamente nuestra fe y dar razones de ella a quienes nos la piden. Esto es provechoso para el alma contemplativa, y también para toda la Iglesia que se ve favorecida por el fruto de nuestra contemplación. De ahí el lema “Contemplare et contemplata allis tradere”.

La predicación: es el fin al que tienden nuestras prácticas, es el objetivo por el que llevamos una vida fraterna, orante y estudiosa. Es el carisma del que nace la Orden de Predicadores. Ante las distorsiones frecuentes a la comprensión de la verdad y la proliferación de las herejías, los dominicos responden predicando el evangelio refrescante que libera a los hombres. La orden edifica a la Iglesia con la sana doctrina recibida de los apóstoles e instruye al pueblo ignorante para que no se pierda en el abismo de la ignorancia y el error. Despues de hablar con Dios, le hablamos de Dios a los demás, y de esa manera, ayudamos a la Iglesia a cumplir el mandato de Cristo de predicar el evangelio a toda la creación. Procuramos llevar un estilo de vida radicálmente evangélico, pues somos conscientes de que la mejor predicación se da con el ejemplo, y nada es mas efectivo que un auténtico cristiano a la hora de arrastrar almas al Señor.

Nos incorporamos a la Orden al profesar la observancia debida a nuestra regla, y de esa manera empezamos a seguir los pasos de Santo Domingo de Guzmán con las antorchas del Espíritu Santo en nuestras bocas, para encender al mundo con las llamas de la justicia y la misericordia como fieles perros del Señor.

Este sitio es un aporte a la misión de la Orden, es una forma de ejercer el apostolado eclesial que todos los cristianos debemos llevar. En compañia de Nuestra Señora del Rosario, patrona de la Orden de Predicadores y de Santa Catalina de Siena, patrona de los seglares dominicos, les daremos desde lo mas profundo de nuestros corazones lo que hemos contemplado.

Creo que esta exposición ha sido lo suficiéntemente exhaustiva y concisa para entender quienes somos. Pero siempre queda algo mas por decir, y si te has quedado con sed, te invito a visitar las siguientes páginas web:

https://www.dominicos.org/https://

http://www.op.org/?lang=es

Laudare, Benedicere, Praedicare

De izquierda a derecha en la porción superior, Santa Margarita de Castello y San Luis María Grignion de Montfort. En la porción inferior, Venerable Praxedes Fernandez y Beata Lucia de Narni
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